miércoles, 25 de abril de 2012

OH, LA LA... TARTA TORRE EIFFEL

¿Qué tendrá París que tanto enamora? ¿Qué tendrán las palabras 'oh, la la' que se te quedan atrapadas en la boca y parece que no quieran salir? Pues lo cierto es que no sé qué debe ser pero son tan sutiles y bellas que, aún sin saber su significado, me dejan enganchada. No sé, son de esas cosas que no te cansarías de decir... que no pasan... te hacen entrar en el mundo de Amelie, en el mundo de las boinas de medio lado y las camisetas de rayas blancas y negras, en el mundo de los Cafés llenos de parejas enamoradas susurrándose al oído, en el mundo de las calles húmedas con olor a croissant recién horneado... definitivamente tengo que visitar París.

No me destaco precisamente por ser una amante de Francia, nunca me llamó la atención y, de hecho, sigue sin ser uno de los primeros lugares de mi lista que me gustaría visitar. Pero cierto es que desde que me adentré más en el mundo de la repostería, me he dado cuenta que los franceses tienen mucho que enseñarme. Para ellos un postre es puro arte... estética comestible. No vamos a quitarle mérito al flan de sobre que nos hace la mami  con tanto amor.... pero la repostería francesa es otro mundo... es como abrir el armario de la alacena, susurrar ¡Oh, la la! y los ingredientes empiezan a danzar al ritmo de una bella melodía de violín. Definitivamente, tengo que dejar de ver películas.

Yendo al grano os diré que esta tarta me la pidió una super profe. Tuve el gusto de conocerla en un taller de modelado en arcilla y puedo decir que es un encanto de muchacha y su forma de enseñar es tan o más encantadora. Hace verdaderas obras de arte. Más adelante os enseñaré uno de los talleres que hice con ella.

Reconozco que mi tarta dista mucho de la original pero... también fue un sufrimiento su montaje y algo de mérito se debe llevar eso, ¿no os parece? No necesitamos de grúas ni maquinaria pesada pero sí unos dedos delicados con temblor zero... todo un reto.


tarta torre eiffel

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